Y en muchas partes del mundo se acaban las vacaciones e inicia una nueva temporada de estudio tanto para pequeñines como para universitarios. Hay la sensación de novedad, curiosidad o reto e igualmente pueden presentarse sensaciones de agobio e incomodidad. Empezar un nuevo ciclo escolar es una nueva experiencia por venir y un paso mas hacia donde queremos ir. Nos acompañan varias personas a nuestro alrededor para apoyarnos, guiarnos y buscar opciones posibles.
Sin embargo, en mi consulta he tenido diversas experiencias en este inicio de clases en años pasados. Por ejemplo, algunos consultantes de diferentes edades me comentan su dificultad a interactuar/jugar con otros, la evitación de hablar en público, aislamiento o desatención. En cuanto al comportamiento manifiestan algunas dificultades como conciliar el sueño, levantarse o dificultad en seguir disciplinadamente su rutina. A nivel físico pueden expresar dolor de estomago, sudoracion en manos, palpitaciones, disminución o aumento en su deseo de comer. En la mayoria de casos sufren solos. No comentan con nadie. Sienten que no deben decirlo o que pedir ayuda no es esperado. Hay que ser fuertes para ser valerosos. Y como nos encontramos al inicio del inicio y en el correr veloz del diario vivir, no percibimos estos cambios que al incio son sutiles hasta que ya son bastante evidentes por su intensidad, persistencia y obstrucción en la vida cotidiana.
Así, que los convoco padres y alumnos adolescentes/adultos a estar pendientes. Y si se necesita hacer un alto en el camino y consultar con un profesional háganlo. En ocasiones la vida puede llegar a pesar bastante y necesitamos “ayuda”. Ser vulnerable no te hace falible, te hace humano. Cada año escolar es la oportunidad de mirar los puntos fuertes y de refuerzo, si los atendemos y procuramos su mejoría será un reto superado.Y así, podremos hablar de una experiencia resiliente.
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