Día de los Enamorados
Nadia (nombre ficticio) es una chica de 23 años que nos consulta porque considera que no ha tenido “suerte” en el amor. Su primer novio lo tuvo en los años finales de la secundaria y estaba romanticamente enamorada de él. Lo consideraba el hombre ideal ya que la complacía, la animaba, la acompañaba y no habían tenido un desacuerdo entre ellos; hasta que se entero de su infidelidad con su mejor amiga. Su corazón se rompío en mil pedazos. Su desilusión fue tan dolorosa e intensa que le tomo varias meses la recuperación. Tuvo apoyo de su familia y amigos lo cual la fortalecío para seguir adelante en su vida y estudios.
Ya en la universidad fue cautelosa y desconfiada al entablar amistades con el sexo opuesto. Para el segundo año empezó a frecuentar en la red sitios de búsqueda de pareja. Aleatoriamente encontró a un chico 5 años mayor que ella, estudiante universitario igual y que casualmente lo había visto en alguna de sus fiestas de fin de semana. Empezaron a escribirse de manera informal y poco a poco se fue afianzando la relación. Nadia estaba muy feliz de haber encontrado una pareja comprensiva, cálida y divertida. La ocupación de los dos daba muy poco tiempo para frecuentarse presencialmente, se veían ocasionalmente y la relación básicamente se mantenía en la virtualidad. Estaban por llegar a su primer aniversario de relación y empezaron a planear un viaje al interior de su país. Por fin serían 8 días continuos viéndose y compartiendo cada momento de sus vidas. Lograron realizar el viaje y compenetrarse aún más.
Nadia empezaba a confiar de que podía tener una relación adecuada y positiva. Sin embargo, al cabo de unos meses los chateos y llamadas de video se fueron distanciado. Ella lo excuso con que el estaba muy ocupado y tenía mucho que hacer pues estaba finalizando la carrera. Cada vez eran más distanciados los encuentros hasta que llego el mometo que su pareja dejó de comunicarse con ella y aunque ella intentó localizarlo, no lo logró.
Empezó en ella una sensación de ausencia inexplicable y dolorosa. De ahí su decisión de pedir ayuda. Ella se decía a sei misma: Te confiaste y mira lo que lograste!… Salir lastimada.
Lo que Nadia vivió en la terminación de su segunda relación recibe el nombre de Ghosting (hacerse el fantasma). No es una situación nueva, aunque la virtualidad nos permite hacerlo más frecuente y fácilmente. Las personas que actúan de ésta manera no les gusta afrontar los conflictos, ni las situaciones desagradables que se puedan presentar en una ruptura. De ahí, que desaparecen sin dejar rastro. Es importante resaltar que la persona que termina de esta manera no está teniendo en cuenta los sentimientos de la otra persona al no decirle mirándola a los ojos que ya no quiere seguir, lo que influye en el desarrollo de su empatía. Además, a la otra persona no le esta ofreciendo realizar un adecuado cierre para que inicie un duelo saludable.
Las terminaciones son difíciles, pero aún más dificíl es no recibir un trato empático y respetuoso.
Febrero 14 Día de San Valentín, sé sincero y honesto con tu pareja. Es el regalo más apreciado que puedas ofrecer.
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